La cabina





Antonio Mercero es un director de cine más conocido por dirigir magistrales series para la televisión como Crónicas de un pueblo, Verano azul o Farmacia de guardia. En 1972 dirigió un cortometraje surrealista titulado La cabina, en el que una persona (José Luis López Vázquez) queda atrapado en una cabina telefónica porque no podía abrir su puerta. Recordemos que por aquella época prácticamente todos los telefónos de monedas en la vía pública estaban encerradas en este habitáculo llamado cabina, pero hoy en día estos habitáculos estan en vías de desaparición, porque esta predominando la idea de que los teléfonos de monedas de la vía pública hay que ponerlos en un mobiliario urbano más abierto de manera que cualquier viandante pueda escuchar la conversación telefónica.

La emisión de este cortometraje en TVE en 1972 trajó consecuencias psicológicas posteriores durante una temporada. Las acciones de Telefónica (más conocidadas como “Matildes”) bajaron, y muchos de los que se metian en una cabina para realizar una llamada ponian el pie en la puerta para que no se le cerrase.

Al principio unos operios instalan una cabina en una determinada vía pública. Yo personalmente trabajé duarante unos años en una empresa dedicada a la explotación y mantenimiento de teléfonos de monedas y por lo que veo hay ciertos defectos en este corto. Los operarios anclan la cabina al suelo, la limpian y cuelgan el teléfono en su interior sin hacer nada más. En realidad esta operación tendría que llevar más tiempo, porque faltaría sacar del suelo dos cables, uno eléctrico para conectar la iluminación de manera que a determinadas horas se ilumine dependiendo de como este programado un reloj interno, y otro el de la línea telefónica por el que funciona el aparato propiamente dicho. Este aparato hay que abrirlo para meter el cable telefónico, el cual hay que pelarlo para que cada uno de sus dos hilos se enganchen en dos pequeños tornillos que lleva el aparato en su interior. Posteriormente hay que programar el telefóno para meterle las tarifas ya sea manualmente o haciendolo llamar vía módem a un ordenador central. Supongo que por aquella época de 1972 las tarifas sólo se pudieran meter manualmente.

Es normal, que faltando todos esos procesos, no funcione el teléfono. El protagonista, José Luis López Vázquez intenta realizar una llamada y ve que no funciona. Por lo menos las monedas introducidas son devueltas, pero pasa una cosa mucho más grave: la persona que se ha introducido en la cabina no es devuelta al exterior.

Con todo esto se ha formado un espectaculo alrededor de esta cabina y la persona que ha quedado dentro. Varias personas acpetan el reto de intertar abrir la puerta de la cabina, pero no pueden. Al final son los mismos operarios que instalaron la cabina los que se tienen que llevar la cabina con una persona dentro. A estos operarios misteriosamente nunca se les ve el rostro. La furgoneta (la cual no lleva matricula) que transporta a los operarios, a la cabina y a la persona que lleva dentro va recorriendo un largo camino desde que se desinstaló la cabina. Vemos escenas del centro de Madrid y como poco a poco se van alejando de este centro para adentrarse en barrios periféricos donde hay todavía pisos en construcción y chabolas. Después la furgoneta se adentra en sinuosas carreteras secundarias hasta que acaba su recorrido en algo parecido al infierno.

José Luís López Vázquez al ver una nueva y limpia cabina en la urbanización donde reside siente la tentación meterse en ella y realizar una llamada y así estrenarla. Pero esto le ha costado muy caro, su libertad por caer en la tentación.






Esta película, al igual que otras películas del siglo XX, la puedes ver completa online aquí: